Cerro Áspero

Apenas tuve la posibilidad de volver, recordé que la primera vez que vi esa casita, me largué a llorar y a correr, cuesta abajo (sin considerar el hecho de que podría haber ocasionado un accidente y un mal trago a mis compañeros de trekking, que tuvieron que soportar mi ansiedad durante toda la tarde porque no llegábamos nunca a ningún lado).

Fue hace más de 15 años. Muchos trekkings vinieron después: me perdí volviendo de en un glaciar de Tierra del Fuego; pasé una noche en la cima del Champaquí, no porque quisiera sino porque se me hizo tarde para bajar, me agarró la noche en medio de la selva peruana volviendo de la Catarata Gocta (esa noche llegué al hostel a las 2:00, no me abrieron y tuve que salir a buscar otro, sin contar que antes caminé tres horas por una ruta porque no conseguí taxi-moto ni nadie que me llevara. Todas esas cosas las tomé como riegos de la afición (trekinero-fotógrafo. Ahora estoy en un fase ciertamente menos expuesta que es la de relator). Salvo en la selva, por unos gritos de bebe-siendo-despellejado, no tuve miedo. (Después me explicaron que era un monito en peligro de extinción y que yo había tenido la fortuna de escucharlo — evento, que, de no estar solo, de noche en medio de la selva y con la linterna del celular me hubiera hecho el día —).

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El sendero empieza en el “Filo de la Sierra”, al cual se puede ir en auto desde el centro de Merlo -lo recomendable-. Pero ese día lo hicimos caminando y además, tomamos la entrada que no era.

Rodeamos la montaña, cuando deberíamos haberla atravesado y ese rodeo nos llevó 12 horas. A quien quiera empezar trekking, 12 horas no es la mejor idea para largarse con un grupo de amigos (todos inexpertos, un asmático). De ese primer trekking no hay fotos, la réflex digital llegó después.

Volví a ir hace unos meses, en grupo. Un trekking en grupo no es tan “fotogénico”. El “saquen una foto rápido que tenemos que volver, se hace de noche” no me da tiempo ni para poner el trípode pero también me asegura que no se me haga de noche y me grite un mono satánico en la nuca. O que me muera de frío a 3000 msnm sin abrigo porque sólo iba por el día.

Íbamos a Pueblo Escondido, un asentamiento minero al pie del Cerro Áspero. Esta vez no me pareció tan áspero como la primera. Seguro que eso fue porque fuimos en vehículos hasta el filo y el guía nos llevó por el camino corto. Llegamos en menos de 4 horas.

Cerro Áspero, cerro escondido, córdoba, argentina
Pueblo escondido.

En el Cerro Áspero funcionaba una mina de tungsteno, y dada la dificultad de trasladarse a la mina todos los días desde la ciudad más cercana, los mineros optaron por pasar sus temporadas de trabajo allí. El enclave llegó a tener más de 800 obreros. La actividad de la mina decayó después de la II Guerra y cerró en 1969. Ahora, y hace 15 años también, funciona como un refugio de montaña.

Como todo refugio de montaña que se precie de tal, sigue la ley de oferta y demanda a rajatabla y triplican los precios de todo. Total, si el refugio de la montaña de al lado tiene mejores precios, te dicen que vayas ahí.

Pueblo Escondido está en el valle, justo debajo del Cerro y en un ensanchamiento del cajón del Arroyo el Tigre.

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El agua es muy fría, como el agua de los ríos de las sierras, pero aquella vez cuando llegamos de noche, cansados igual nos metimos.

Ahora el arroyo está embalsado y forma pequeñas piletas que han llenado de truchas. El color verde el agua se debe a las algas microscópicas —el famoso fitoplancton: aunque suene más a mar, el plancton existe en todos los cuerpos de agua—.

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