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  • Última modificación de la entrada:21 septiembre, 2020

Educación virtual en pandemia, o una seguidilla de desatinos evitables.

Este texto lo escribí en 2017 en Medium. La cuarentena por el coronavirus precipitó la virtualización de la educación formal y, en el apuro, muchas cosas salieron desprolijas.

Disclaimer: este texto es largo, y muy probablemente te resulte aburrido. No está escrito con criterios de SEO ni de Copy. Es un ensayo, y puede que esté flojo de papeles. No pretendo ser exhaustivo.

PD: criticar no quiere decir subestimar el esfuerzo de docentes y almunos. Debería poner autoridades, pero las argentinas están más concentradas en sus disputas partidarias que en solucionar problemas reales de la sociedad. Supongo que así debe pasar en todos los países de herencia latina, porque está gente de algún lado aprendió las mañas.

La irrupción de las “nuevas” tecnologías

¿Cuánto tiempo más va a pasar para que dejen de ser nuevas? Las «nuevas tecnologías» tienen mi edad.

Si se empeñan en seguir usando el epíteto “nuevas” exijo que se me trate como a un niño con un poco de barba y algunas canas. Quiero trato prioritario en el banco y que la burocracia desaparezca. Si no, me tiro al suelo y no dejo de gritar hasta que me estallen los pulmones o me detenga la policía, lo que ocurra primero.

Si hasta para lo que nuestros padres usaban los zaguanes y pasillos nosotros usamos Tinder y otras apps más del under, depende de los objetivos. Por lo regular no dejamos que lo nuevo se inmiscuya en nuestra vida con tanta liviandad. Las tecnologías de la información llevan años metiéndose sigilosamente en nuestra cotidianidad; solo que el proceso fue tan lento que un día miramos atrás y:… ¿y todo esto cuándo pasó? Algo similar a cuando te juntas con tus amigos de la facultad para conocer a su hijo.

Para evitar palabrerío con «tecnología» me refiero a las tecnologías de la comunicación y la información (TICS). Podría ser un sinónimo informática pero no estoy seguro de si esa palabra no es ya un fósil noventoso. La moda vintage todavía no llegó a reciclar los noventa así que lo noventoso es demodé. Los 90 del siglo XXI son más noventosos que los noventa del s. XX, porque ahora, como se hace para todo producto, se extrajeron las 4 mejores cosas de los 90 y se exageran y repiten hasta el hartazgo.

‘Okay’ Google

La frase que más uso mientras escribo o leo debe ser «Okay Google, define x»: las definiciones de los diccionarios más relevantes y el resumen de la entrada de Wikipedia en menos de un segundo. Para mí no tiene sentido seguir usando diccionarios impresos: siempre tengo que recitar el alfabeto para saber entre qué letras buscar.

Si sabés el orden de las letras, entonces pensá en la cantidad de árboles convertidos en diccionarios que quedan desactualizados al momento de terminar la nómina de la zeta, en el tiempo que te lleva consultar el diccionario con el celular o en lo barato que es una app diccionario frente a uno en papel. Lo mismo pasa con enciclopedias y libros: no se actualizan a la velocidad adecuada, son caros e incómodos.

El uso de las TIC en la educación

Mucho se habla de «incluir» las TIC en el proceso educativo. Me gusta usar las palabras con precisión, un sencillo hábito que ahorra muchos malentendidos. E incluir en este contexto suena raro.

El diccionario dice:

Incluir: lat. includĕre. Poner algo o a alguien dentro de una cosa o de un conjunto, o dentro de sus límites.

Diccionario de la lengua española, RAE y ASALE

Ese «poner» conlleva un proceso estratégico y ordenado: primero esto, después aquello. Cada paso es controlable. Con la tecnología no ocurrió nada de eso. Se nos coló y ya. Es más propio hablar de irrupción. Los zooms en donde se colaba la pareja semidesnuda del docente de turno fueron noticia y furor viral (cuando nada había que contar salvo muertos ). Muchas de nuestras actividades cotidianas como individuos y como sociedad resultarían inconcebibles sin la tecnología; así de naturalizada está.

Y tal grado de integración no caracteriza a algo nuevo. Tampoco confiamos en algo nuevo a tal punto de que muchos Parlamentos hayan elegido sesionar online.

Voy a limitarme a la educación, por respeto al texto original y porque sería larguísimo si no.

Tapar el sol con un dedo

Los seres humanos somos acróbatas: ensayamos todo tipo de maniobras evasivas para “maquillar” las cosas. El eufemismo es doble: nuevas e inclusión.

Supongo que eso tiene que ver con otra costumbre del sistema educativo: subestimar la inteligencia del alumnado (con aquello de la tabula rasa… recuerdo a una profesora diciéndome que, aunque mis resultados eran los esperados, mi examen no estaba del todo bien porque esa no era la manera correcta de abordar el problema: en otras palabras que no era la que había enseñado.

Parecería un hecho aislado, pero no. Unos años más tarde, ahora en una entrevista laboral en educación me volvieron a decir que esa no era la respuesta esperada. Quizá las TIC desconciertan tanto por eso: no hay manera correcta de usarlas. Hay opciones más y menos útiles (depende de cuál sea el criterio de “utilidad” la clasificación será distinta).

Todavía hay docentes reticentes a usar las redes como plataformas de vinculación con sus alumnos, otros —o los mismos— siguen escandalizándose con Wikipedia porque la «escribe cualquiera» (hola, me presento: soy uno de los millones de cualquieras detras de Wikipedia).

De haber acogido las plataformas informáticas con el tiempo suficiente y dejar de perderlo denostándolas o infrautilizándolas; menos clases se hubieras cortado, menos alumnos hubiesen desertado o la brecha digital hubiese tenido un impacto menor en la educación (que no solo es tener un dispositivo con acceso a internet sino también ser un usuario competente de esa tecnología. En lo segundo el fallo es garrafal, en lo primero, el Estado ayuda… a los tumbos pero algo hace).

Hubo tiempo de amoldar el sistema educativo a la tecnología y de crear ecosistemas de aprendizaje amables y desarrollar sistemas de contención. Nadie esperaba una crisis sanitaria mundial, pero no hacía falta. El cambio se venía gestando desde hacía 15 años. Si todos miraban para otro lado por necedad, comodidad o ignorancia… vaya a saber.

Quizá ni siquiera quepa plantearse enseñar cómo usar la tecnología y cambiar el enfoque por enseñar a gestionarla y a aprovechar su potencial, porque no es nueva y está ahí. Incorporarla o excluirla de nuestra vida no es una opción. Es como la burocracia: seguramente la odias tanto como cualquier ser humano pero es necesaria y no queda más remedio que lidiar con ella.

Los idólatras de los libros merecen otro párrafo: lo único que demuestra un libro es que su autor tiene recursos suficientes para costear su producción. De los libros también se puede decir que los escribe cualquiera, que no se actualizan, no caben en el bolsillo y producirlos es mucho mas costoso que poner información en línea. Internet también tiene sus costos, aunque para los usuarios finales sea gratis.

Posdata del párrafo aparte: no, no digo que los libros ya no sirven. Negar una afirmación no implica afirmar su opuesto. Es una habilidad comunicativa tan elemental que debería darle vergüenza a cualquier democracia que sus ciudadanos aprendan a argumentar recién en la facultad (y solo los que eligen estudiar filosofía. Porque se da por sentado en las ciencias. Estoy siendo generoso).

La idea del libro como soporte de textos expositivos está en decadencia.

Nuestro país tiene un sistema educativo público e inclusivo. Una de las tácticas inclusivas que brilla en su propia inclusividad es pedir 10 libros por año a cada alumno —que no sirven para el año siguiente ni son los mismos que se usaron el año anterior para ese curso — . Si alguien no puede comprarlos, el estado debe proveerlos porque garantizar la educación es un deber constitucional del Estado Argentino. Si el estado no provee y no se pueden comprar, la educación está en crisis.

Sí, está en crisis. Pero no en crisis financiera sino en una crisis estructural y otra que no tiene nombre pero le podríamos llamar crisis de anacronismo crónico: gente del siglo XXI, educándose en un sistema del siglo XIX que funciona según reglas de principios del siglo XX y educados por docentes formados en 1970.

¿No se puede trabajar con un celular donde sea posible? He preparado exámenes universitarios con Wikipedia y YouTube. Fui uno de los millones de cualesquiera que escriben Wikipedia y es la primera fuente que consulto antes de encarar cualquier proyecto.

El argumento «son fuentes poco fiables» es tan falaz como admitir que todas las manzanas de un cajón están podridas porque una lo está. Hay que saber buscar y el docente debe saber hacerlo. Los contenidos están ahí: accesibles para cualquiera que tenga un celular y un plan de datos móviles.

Un libro es creíble, o al menos tiene un alto porcentaje de credibilidad. Es una fuente confiable. Pero ahora la información no está en libros, está en todos lados. Y para hacerlo más interesante, tiene un alto porcentaje de irrelevancia, falsedad y sesgos de todo tipo (los ideológicos están a la orden del día).

Puede ser muy cómodo abrir el libro en la página noventa y hacer los ejercicios, pero ese entrenamiento no sirve para “bucear” en la postverdad: El libro fomenta una confianza ingenua en la autoridad y pocos aprenden a filtrar y a cuestionar la información que reciben.

Para quienes lo hacen, existen docentes listos para decirle que no es la respuesta que se esperaba. Están censurando una habilidad casi de supervivencia.

Hasta no hace mucho, el docente era una fuente de información que de otra manera era inaccesible. Porque esa información era escasa y estaba en la Academia. En ese contexto, el saber del docente era un puente entre el saber académico y el aula.

Hoy, la información ni es escasa ni es poco accesible. Es abundantísima y, en general, de mala calidad. Casi cualquiera puede encontrar información sobre tal o cual tema.

La barrera de acceso al conocimiento ya no es el elitismo de la academia sino la capacidad de filtrar la información de pésima, mala, dudosa y buena calidad y la capacidad de silenciar el ruido constante.

La pandemia puso en tela de juicio, una vez más, las falencias de un sistema educativo que lleva acumulados 200 años de parches. Dejadlo morir en paz.

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