It doesn’t matter: I’m late anyway

Éramos tres en la clase de francés así que nos pusimos a conversar. Una de las cosas que me quedó de esa charla: la educación siempre llega tarde. Este ensayo trata sobre el uso de las tics en la educación, otras cosas más y mis idas y vueltas por temas adyacentes que se podrían resumir en etcéteras varios.

Este texto lo escribí originalmente en Medium.

La irrupción de las “nuevas” tecnologías

¿Cuánto tiempo más va a pasar para que dejen de ser nuevas? Las «nuevas tecnologías» tienen mi edad. Si se empeñan en seguir usando el epíteto “nuevas” exijo que se me trate como a un bebe de 28 años y un poco de barba. Más claro: quiero trato prioritario en el banco y que la burocracia desaparezca si no hago un berrinche, me tiro al suelo y no dejo de gritar hasta que me estallen los pulmones o me detenga la policía, lo que ocurra primero. 

Si hasta para lo que nuestros padres usaban los zaguanes y pasillos nosotros usamos Tinder y otras apps más del under, depende de los objetivos. Por lo regular no dejamos que lo nuevo se inmiscuya en nuestra vida con tanta liviandad.

Para evitar palabrerío con «tecnología» me refiero a las tecnologías de la comunicación y la información (TICS). Podría ser un sinónimo informática pero no estoy seguro de si esa palabra no es ya un fósil noventoso. La moda vintage todavía no llegó a reciclar los noventa así que lo noventoso es lisa y llanamente demodé. 

‘Okay’ Google

La frase que más uso mientras escribo o leo debe ser «Okay Google, define x»: las definiciones de los diccionarios más relevantes y el resumen de la entrada de Wikipedia en menos de un segundo. Para mí no tiene sentido seguir usando diccionarios impresos: siempre tengo que recitar el alfabeto para saber entre qué letras buscar.

[perfectpullquote align=”right” bordertop=”false” cite=”” link=”” color=”” class=”” size=””]Lo mismo pasa con enciclopedias y libros: no se actualizan a la velocidad adecuada, son caros e incómodos.[/perfectpullquote]

Si sabés el orden de las letras, entonces pensá en la cantidad de árboles convertidos en diccionarios que quedan desactualizados al momento de terminar la nómina de la zeta, en el tiempo que te lleva consultar el diccionario con el celular o en lo barato que es una app diccionario frente a uno en papel. Lo mismo pasa con enciclopedias y libros: no se actualizan a la velocidad adecuada, son caros e incómodos.

El uso de las TIC en la educación

Mucho se habla de «incluir» las TIC en el proceso educativo. Me gusta usar las palabras con precisión, un sencillo hábito que ahorra muchos malentendidos. E incluir en este contexto me hace ruido.

El diccionario de la lengua española (de la RAE, que cambió de nombre cuando se dieron cuenta de que un diccionario que pretendía comprehender la riqueza del español no se podía llamar «de la Real Academia Española») dice:

[perfectpullquote align=”full” bordertop=”false” cite=”” link=”” color=”” class=”” size=””]Incluir: lat. includĕre. Poner algo o a alguien dentro de una cosa o de un conjunto, o dentro de sus límites.[/perfectpullquote]

Ese «poner» conlleva un proceso estratégico y ordenado. Cada paso es controlable. Con la tecnología no ocurrió nada de eso. Se nos coló y ya. Es más propio hablar de irrupción. Muchas de nuestras actividades cotidianas como individuos y como sociedad resultarían inconcebibles sin la tecnología; así de naturalizada la tenemos. Nueva un carajo.

Tapar el sol con un dedo

Los seres humanos somos acróbatas: ensayamos todo tipo de maniobras evasivas para “maquillar” las cosas. El eufemismo es doble: nuevas e inclusión.

Enseñarle a usar internet a un pibe de dieciséis años es tan estimulante como enseñarle a ir al baño. 

Supongo que eso tiene que ver con otra constumbre del sistema educativo: subestimar la inteligencia del alumnado (y recuerdo a una profesora diciéndome que, aunque mis resultados eran los esperados, mi examen no estaba del todo bien porque esa no era la manera correcta de abordar el problema. No era la que ella había enseñado —de adolescente parece que ya tenía está costumbre de irme por la tangente—). Quizá las TIC desconciertan tanto por eso: no hay manera correcta y si la hubiere Google no nos la dirá. (Me siento un engendro usando el futuro del subjuntivo). 

[perfectpullquote align=”left” bordertop=”false” cite=”” link=”” color=”” class=”” size=””]Quizá las TIC desconciertan tanto por eso: no hay manera correcta y si la hubiera Google no nos la diría.[/perfectpullquote]

Todavía hay docentes reticentes a usar las redes como plataformas de vinculación con sus alumnos, otros —o los mismos— que siguen escandalizándose con Wikipedia porque la «escribe cualquiera» o incluso están los ignoran YouTube como una fuente de información cada vez más popular.

Quizá ni siquiera quepa plantearse enseñar cómo usar la tecnología y cambiar el enfoque por enseñar a gestionarla y a aprovechar todo su potencial, porque no es nueva y está ahí. Incorporarla o excluirla de nuestra vida no es una opción. Es como la burocracia: seguramente la odias tanto como cualquier ser humano pero es necesaria y no queda más remedio que lidiar con ella.

Los idólatras de los libros merecen otro párrafo: lo único que demuestra un libro es que su autor tiene recursos suficientes para costear su producción. De los libros también se puede decir que los escribe cualquiera, que no se actualizan, no caben en el bolsillo y son caros —debería decir: no son gratis

[perfectpullquote align=”full” bordertop=”false” cite=”” link=”” color=”” class=”” size=””]Es posible encontrar información gratuita y de calidad de casi cualquier cosa en la red: hay que saber buscar y filtrar.[/perfectpullquote]

 El libro como portador de información tiene fecha de caducidad. Sigue siendo un formato válido para atesorar opiniones valiosas (pienso en ensayos y literatura). La idea del libro como soporte de textos expositivos está en decadencia.

Nuestro país tiene un sistema educativo público inclusivo. Una de las tácticas estrella de inclusión es pedir diez libros por año a cada alumno —que no sirven para el año siguiente ni son los mismos que se usaron el año anterior para ese curso — . Si alguien no puede comprarlos, el Estado debe proveerlos porque garantizar la educación es un deber constitucional del Estado argentino. Si el Estado no provee y no se pueden comprar, decimos que la educación está en crisis.

Sí, está en crisis. Pero no en crisis financiera sino en una crisis estructural y otra que no tiene nombre pero le podríamos llamar crisis de anacronismo crónico: gente del siglo XIX, educándose en un sistema del siglo XIX que funciona según reglas de principios del siglo XX y educados por docentes formados en 1970. Algo así ya no puede funcionar por más parches que se le ponga. Lleva 200 años de parches acumulados. Hay que dejarlo morir en paz

¿No se puede trabajar con un celular donde sea posible? He preparado exámenes universitarios con Wikipedia y YouTube. Fui uno de los millones de cualesquiera que escriben Wikipedia y es la primera fuente que consulto antes de encarar cualquier proyecto. 

[perfectpullquote align=”right” bordertop=”false” cite=”” link=”” color=”” class=”” size=””]Los docentes tienen que servir de algo ahora que ya no sirven como transmisores de información que de otra manera sería inaccesible. [/perfectpullquote]


El argumento «son fuentes poco fiables» es tan falaz como admitir que todas las manzanas de un cajón están podridas porque una lo está. Hay que saber buscar y el docente debe saber hacerlo. Los contenidos están ahí: accesibles para cualquiera que tenga un smartphone y un plan de datos móviles. Pero el sistema sigue formando docente bajo un paradigma anacrónico, aferrados a pedagogías del siglo pasado.

Puede ser muy cómodo abrir el libro en la página noventa y hacer los ejercicios, pero ese modelo ha demostrado ser inviable para “bucear” en la irrelevancia y la postverdad: pocos aprenden a filtrar y a cuestionar la información que reciben. En muchos casos el sistema censura el esas actitudes. El contenido de un curso de un año lo encontrás en media hora en internet. Los docentes tienen que servir de algo ahora que ya no sirven como transmisores de información que de otra manera sería inaccesible.

Siempre es más fácil asignar culpables que hacer un ejercicio introspectivo.

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